martes, 22 de septiembre de 2015

Capitulo VI (Parte Final)

— ¿Están muertos? —Sí. —Oímos unos tiros. ¿Dónde están el señor del Valle y mi General Miraflores? —Allá dentro —dijo García. —Usted es García —dijo un hombre—. Lo he visto algunas veces. —Sí. Y usted es el Sapo... —So this is the guy —dijo el otro. —Y el señor es Browning. —Vamos al estudio —dijo el Sapo. Entraron al estudio. —Recibí su recado —dijo García—. Cuando llegué esta tarde a mi casa, recibí su recado. —Nosotros no le hemos mandado ningún recado, García. Pero ahora lo vamos a mandar al infierno. De todos modos hace tiempo que le tengo ganas, desde que mató a Luciano Manrique. — ¿Cómo sabe que fui yo? —Me lo dijo el señor del Valle. Y ahora, quietecito, para que no le duela, como dicen los doctores... El gringo se volvió rápidamente y la bala de Laski le dio en el corazón, echándolo hacia atrás. El Sapo saltó sobre García, pero éste ya tenía el puñal abierto en la mano y el mismo Sapo se lo clavó en el pecho. García tiró del puñal y lo volvió a clavar. Laski lo tomó del brazo. Se subieron. Dos patrullas de la policía llegaban en ese instante a la casa del señor del Valle. García arrancó el motor. —Gracias —dijo García. — ¿Está herido? —preguntó Laski. —No. —Comprendo que ese asunto era entre mexicanos, Filiberto, pero me vi obligado a intervenir. Es usted mi amigo. —Creí que no era sentimental. Laski rió brevemente. —Lo necesito. Para lo que le dije hoy al mediodía. Y cuando necesito algo, lo cuido, como cuido mi Lugger. El teléfono es de otro chino, un tal Liu, que vive en la calle de Dolores. Está muerta, Filiberto. Hubo un silencio. Sí. Martita está muerta, muy sola con su muerte. Allí en mi cama. Y yo solo con mi vida. Y del Valle y el General y todos ésos también andan ya con su muerte. Y yo solo con mi vida. Como que me van dejando atrás. Mire Filiberto, yo creo que el chino Liu mandó a la señorita Fong a que lo vigilara, a que espiara sus actos, creyendo que estaba usted investigando lo de Cuba... —¿Quién la mató? —Un chino entró a su casa a eso de las cinco de la tarde. ¿Vamos a buscar a Liu? —Sí. Se detuvieron frente a la tienda de Liu y bajaron del coche. Tocaron a la puerta. A los pocos momentos se abrió. Era el chino Liu. Con la cara impasible vio a García y luego al ruso. La tienda estaba casi oscura, tan sólo iluminada por un brasero chino, con carbón y papeles que se quemaban. Olía a humo y a incienso. —Martita está muerta —dijo García. —Sí. — ¿La mataste? —Sí. García sacó lentamente la pistola. Laski se interpuso. — ¿Qué papeles está quemando? —Papeles, papeles mu malos, mu malos... Se acercaron al brasero. Un montón de billetes de cincuenta dólares ardía sobre las brasas. Había aún dos o tres latas de té llenas de billetes y otras muchas vacías. —Papeles mu malos —dijo Liu. García levantó la pistola. Laski se interpuso. — ¿Es socio de Wang y ese grupo? —Qué impolta ya eso? — ¿Qué querían averiguar de García? —Mi hijo está muelto... ¿Qué impolta lo demás? Mi hijo mayol... Y ustedes lo matalon... Mi hijo Xaviel... — ¿Su hijo, Liu? No sabía que tuviera uno —dijo García. Liu echó más billetes en las llamas. Eso hicielon cuando matalon a mi hijo Xaviel... Y Malta ela como toda mujé, mala, mu mala. Se enamoló de usté, señol Galcía, pelo eso no tiene impoltancia... Uno sabe que la mujé es mala de nacimiento, mu mala, y que tlaiciona... Pelo luego ella les entlegó a mi hijo Xaviel, que vino de Cuba lleno de ilusiones pala hacel cosas mu impoltantes allá, mu impoltantes. Y él me dio a gualdal este dinelo malo... Laski, con el cañón de la pistola, le cruzó la cara. Brotó la sangre, pero Liu pareció no darse cuenta. Ni siquiera se llevó las manos a la herida. García se adelantó y obligó a Laski a soltar a Liu. —Ella me dijo que se iba a quedal con usté, polque usté ela bueno... Y yo no la cleí. Las mujeles siemple con mentilas... Ella le dijo de mi Xaviel y está muelto. García dejó el coche donde estaba y caminó rumbo a la Avenida Juárez. Las manos le colgaban a los lados, pesadas, como dos cosas ya inútiles. Tengo que lavarme las manos. ¿Para qué seguir llevado en ellas la sangre de esa gente? No conviene entrar donde está ella con las manos cubiertas de sangre. Se puede espantar. ¡Pinches manos! Liu la mató. Yo maté a Liu. Me están pesando las manos. Me duelen, como muchas muertes junios. Tengo ganas de sentarme aquí en la banqueta... en una piedra del campo, como antes en la orilla del camino. Pero ya no hay caminos que andar con las manos que me pesan, que me duelen con tantas muertes que llevo dentro. ¡Pinches manos! —O tal vez su gobierno le dio órdenes para que no se pudiera llegar al fondo del asunto. O tal vez los norteamericanos... Sería triste que usted un mexicano, estuviera trabajando a las órdenes de los gringos. Ellos son sus verdaderos enemigos. Tal vez le pesa su muerte, como si tuviera un hombre encima. Yo no sé lo que es eso, la muerte. Y ella lo sabe ya. Por eso está sola. Por eso no está conmigo. Porque ella ya lo sabe y yo no. Yo sólo sé cómo se va empezando en ese camino, cómo se vive con una soledad a cuestas. ¡Pinche soledad!

Mire, si su gobierno le ordenó que obrara en esa forma, no tengo nada que decir, lo comprendo. Pero de otra manera, si es por una razón personal, sentimental... Por la señorita Fong... ¡Eso no es de profesionales! Ninguno de nosotros mata por un motivo así. Sería absurdo. Sería un crimen. En la cantina de la Opera el Licenciado le dijo: —El Coronel lo andaba buscando, Capi. El Licenciado estaba muy borracho. Tenía la voz pe gajosa y los ojos vagos. —Tiene manchas de sangre en la ropa, mi Capi —dijo el licenciado. García destapó la botella de coñac y se sirvió en un vaso. —Antiguamente los abogados tenían siempre manchas de tinta en las manos y en la ropa. Gajes del oficio. Pero nosotros ya no usamos tinta. Usamos máquinas de escribir. Ustedes deberían buscar sistemas semejantes. Toda nuestra civilización tiende a que los hombres puedan conservar las manos limpias... Siquiera las manos. Tomó la botella de coñac, la pagó y salieron. Cuando entraron a la casa, García no encendió la luz. Llegaba bastante por la ventana. Fue a la cocina y se lavó las manos. No conviene entrar donde está ella con esta sangre en las manos. Con esta pinche sangre. Pasaron a la recámara. La luz de la ventana daba sobre la cama y la forma hierática del cadáver. García acercó dos sillas al pie de la cama. Hizo que el Licenciado se sentara en una de ellas. Luego fue a la cocina y trajo dos vasos, los llenó de coñac y le dio uno al licenciado. Con el otro en la mano, se sentó. —Rece, Licenciado. — ¿Que rece? Pero si ya no me acuerdo... —Se lo pido como amigo. Récele algo, aunque no haya velas. El Licenciado empezó a recitar, como en sus tiempos de monaguillo. Las palabras le salían mezcladas, embarradas de borrachera. —Requiem eternam dona eis Domine. García tomó un trago. La pistola le dolía sobre el corazón. ¡Pinche velorio! ¡Pinche soledad!

Capitulo VI (Parte II)

Hizo una pausa, sin quitar los ojos de la cara de García. Éste estaba impasible, la pistola en la mano. —Yo voy a ser el Presidente de la República, García. Le conviene estar bien con un futuro Presidente, ¿o no? Cuando se termine, mañana, este pequeño incidente, yo voy a ocupar la presidencia y vamos a encauzar a México por el camino del verdadero progreso, con una autoridad fuerte y respetada y vamos a tener unas fuerzas armadas fuertes y respetables también.
Es el amor a la patria lo que nos obliga a obrar en esta forma, contraria a nuestros principios. Le puedo asegurar que el futuro gobierno, el que se inicia mañana, necesita de hombres valerosos como usted... —Ya ha habido una muerte de más, mi General —dijo. El General cortó su risa. — ¿Le espanta una muerte? Yo creí que era hombre... Con un movimiento rápido de la mano de García la cuarenta y cinco describió un arco breve y se estrelló en la cara del General. La mira cortó la piel y brotó la sangre. El General se tambaleó. —No diga eso, mi General. Ya le dije que había una muerte de más en este asunto. No meta la mano al cajón del escritorio, señor del Valle. Acérquese acá despacio, para que se le quite la tentación. Y usted no se mueva, General. El General se limpió la sangre de la cara. Le había escurrido hasta el uniforme, posiblemente por primero vez manchado por la propia sangre. —Esto le va a costar caro, García. No se le pega impunemente a un General mexicano. Desde que se quisieron poner inteligentes y aprovechar el rumor del atentado de los chinos. Desde que insistió en que me encargaran a mí esa investigación, seguro de que iba caer en la trampa y jurar que había un complot mongol, cuando me despertara del macanazo que me iba a dar finado Luciano Manrique. García le golpeó la boca con la pistola. —Nadie le ha dicho que hable, General. Aprenda a cumplir órdenes. ¿Qué dice, señor del Valle? ¿Quiere matar a alguien para experimentar cómo se siente? Cuando sepa cómo se hace, ya podrá ordenarlo, sin hacer tanta tontería. —No entiendo. —Ya su complot se fue al diablo. Entre usted y el General lo echaron todo a perder. Ya ni los chinos ni la Mongolia Exterior o los rusos pueden ser los chivos expiatorios. Para ese puesto se necesita a un mexicano, algo que la gente de aquí comprenda. Que mate al General Miraflores. Que luego lo delate como autor del complot. Así habrá salvado, con peligro de su propia vida, la vida al señor Presidente. Habrá salvado a las instituciones... Y siempre puede haber otra oportunidad. El General iba a decir algo, pero vio a García y calló. La sangre le escurría de la cara y de la boca, tenía los ojos enrojecidos. —Si hago lo que usted quiere... —dijo del Valle. —Será un héroe. ¿Quién le podrá ganar las próximas elecciones cuando todos sepan que, con peligro de su vida, ha salvado las instituciones? Y con el tiempo, hasta usted mismo va a creer que todo es cierto. —Una treintaidós veinte. —Pistolita, pero vale. García fue al escritorio y sacó el revólver. Volvió trayéndolo en la mano izquierda. —Del Valle dijo—, del Valle, somos amigos, lo hemos sido mucho tiempo... El señor del Valle tenía la pistola en la mano. La miraba insistentemente. —Del Valle —dijo el General—, usted me metió en este asunto. Toda la idea fue suya. Yo sólo quise ayudarlo, como su amigo...

—Yo no tengo amigos. En política no hay amistades. Y de todos modos, General Miraflores, después de lo que iba a suceder mañana, pensaba mandarlo eliminar. No conviene dejar testigos y hasta había pensado en el señor García para ese trabajo. —Pero yo creía que... —Todo lo pensó mal, Miraflores. Muy mal. El señor del Valle oprimió el gatillo. La bala le dio al General en el vientre. Soltó un quejido y se llevó las manos a la herida. La segunda bala no dio en el blanco. El señor del Valle, al disparar, había cerrado los ojos. El General cayó lentamente de rodillas. —Por favor, del Valle... Por Diosito santo... —Ahora en el pecho —dijo García—. No hay que hacerlos sufrir demasiado. El señor del Valle abrió los ojos y disparó nuevamente. La bala entró entre la boca y la nariz. El General extendió las manos hasta tocar las piernas de del Valle y dejó en ellas cinco rayas rojas. Luego se recostó lentamente en la alfombra. García se acercó y le quitó a del Valle la pistola de las manos. Luego le quitó la pistola de la funda al General.  La Voz de del Valle se iba afirmando volviendo a lo normal. —Sí, eso es. Miraflores me confesó gracias a usted, su villanía, su intento de asesinar al señor Presidente, e subvertir el orden público. Tenía la pistola en la mano y tuve que matarlo en defensa propia... No, en defensa de la vida del señor Presidente, de las instituciones... —Usted mismo, señor del Valle, la primera vez que hablamos, me ordenó que averiguara a fondo este asunto y que, si había alguna verdad en el rumor, obrara de acuerdo con mis mejores luces. Estoy cumpliendo sus órdenes. —El General Miraflores vino conmigo, señor del Valle, a aprehenderlo por conspirar contra la vida del señor Presidente y usted lo mató a la mala. Yo lo maté a usted, tratando de salvar a mi General Miraflores. —Sí. Era bueno que supiera de eso y que yo supiera a qué atenerme con usted. —Le puedo dar lo que quiera, García. Usted mismo dice que tengo oportunidades de llegar a la Presidencia. Lo puedo hacer rico cuando llegue a la Presidencia... García puso la pistola en la mano del cadáver del General y guardó la suya propia. Luego fue al teléfono que estaba sobre el escritorio y marcó un número: —Habla García, mi Coronel. Son las diez y siete minutos, García. Le dije que me llamara a las diez en punto. —¿Hay órdenes, mi Coronel? —No hemos podido aprehender ni al Sapo ni al Gringo, pero estoy seguro de que tenía usted razón. Recogimos el rifle... — ¿Hay órdenes, mi Coronel? —Sí. Es necesario detenerlos, detenerlos como sea. Ya he cambiado a todos los hombres de guardia, por las dudas. Le he pedido a los del FBI que refuercen la guardia en las ventanas que dan a la plaza. Pero hay que detener a las cabezas... —Ya no es necesario, mi Coronel. 

Capitulo VI (Parte I)

En esta ocasión quiero que lean  por ustedes mismos el último capítulo de esta novela, no encontré palabras para describir este final ya que quede atónito y muy feliz, y no supe expresarme.
El comienzo del final empieza así:
El Coronel detuvo el coche en la esquina. —Suba, García. Arrancaron. — ¿Qué sucede? —Creo que ya dimos en el clavo, mi Coronel. Le contó lo que había hecho en el día. — ¿No recogió el rifle? —No quería alarmarlos, mi Coronel.
¿No serán los mismos rusos, como sospechaba antes? Se pueden aprovechar de que creen que le vamos a echar la culpa a los chinos. —No creo, mi Coronel. Esos rusos saben organizar sus cosas. No usan a gente como Luciano Manrique o el Sapo. Esto es local. Y yo veo clarito que el atentado no va en contra del Presidente gringo, sino en contra el nuestro. Aprovechando los rumores, mi Coronel. El Coronel siguió fumando en silencio. Éste le está dando más vueltas al asunto que una ardilla en su jaula. Capaz y hasta está echando cuentas de qué lado le conviene quedar.
El changuito de ese Fiat verde que se detuvo allá es el mismo que me andaba siguiendo. ¡Pinche ley! Y luego eso de que "hemos creado", somos muchos. Cuando los plomazos, éste estaba pegado a la teta de su madre. Y para mí que sigue pegado a la teta de mamá presupuesto y está calculando de qué cuero salen más correas o de qué lado cae el ladrillazo. Qué saben éstos de lo que es hacer la Revolución, de lo que es andarse muriendo por esos caminos. —Tiene muchos hombres. —Sí, pero esto es especial. Hábleme a las diez de la noche, puede que para entonces tenga algunas órdenes que darle. . Hábleme a las diez. Y comprenda que si es cierto lo e supone, estamos pasando por uno de los momentos graves de nuestra historia. —En la Avenida Juárez, mi Coronel. Voy a la casa. —Espero su llamada a las diez. No me falle y no salga de su casa. Lo pudiera necesitar antes.
—Sí, mi Coronel. Pagó cuatro mil pesos por el reloj. Luego habrá que ponerle una pulsera de oro, pero no muy gruesa, porque Martita tiene las muñecas delgadas. La dependiente sonrió y envolvió el estuche en papel de china blanco y le puso un moño rosa. Con esto está bueno. Voy a ver cómo abre el estuche y cómo se prueba el reloj. No sé si haya que ponerlo antes a la hora o dejar que ella lo ponga. Y así me preguntará qué horas son. Y a las diez hay que ir a ver al Coronel y antes, aquí a Dolores, a ver dónde está la fierrada. Y mañana, con eso, le compro un abrigo de pieles a Martita. Si no es que para las diez ya el Coronel se fajó los pantalones y me da la orden. Al cabo ya tengo Mis centavos y luego, si cae lo de la calle de Dolores... Para mí y para Martita. Y luego para ella sola. Hay que ver al Licenciado para que me haga un testamento. ¡Pinche testamento! Los centavos todos para Martita y la memoria de mis fieles difuntos para el hoyo, junto conmigo. Salió de la tienda, caminó una cuadra y se adentró por la calle de Dolores. Se detuvo ante el número que le habían dicho. Era la tienda de Liu, cerrada a piedra y lodo. Ora sí que me creció. ¡Pinche chino Liu! Conque anda complicado en lo de Cuba.
¿Busca al honolable señol Liu? — ¿No está? —No. No ha abielto su tienda en todo el día y eso es malo, muy malo. ¿Ya sabe de Maltita? —No. —Yo cleí... — ¿A dónde fue Liu? —No sé. Lo vi salil. Es posible que esté en la Alameda, tomando el sol. ¿Lo voy a buscal? —No, vendré más tarde. Sin hacer ruido, con sus pisadas de gato, fue hasta la puerta de la recámara. Debe estar durmiendo. No se ha acostumbrado a mis horas. Va a decir que siempre la vengo a ver cuándo está durmiendo. La puerta de la recámara estaba entornada. — ¡Martita! No le contestó nadie. Se sacó el estuche de la bolsa y empujó la puerta. No estaba en la cama. Puede que esté en el baño, pero no se oye ruido. Pero Marta no estaba en el baño. Estaba en el suelo, junto a la cama, cubierta de sangre, las piernas encogidas, los ojos abiertos. García se acercó lentamente. Se arrodilló. Se quitó el sombrero y lo dejó caer al suelo. Luego, con los dedos, le cerró los ojos. La tomó en sus brazos y la puso sobre la cama. No había muerto hacía mucho. Se la limpió con el pañuelo. Luego dobló el pañuelo cuidadosamente y se lo guardó en la bolsa. Recogió su sombrero y lo puso en la cómoda y puso el estuche del reloj en el buró. Aún escurría una poca de sangre de la boca. Se la limpió nuevamente con el pañuelo. Se inclinó y la besó en la frente. Luego le cubrió la cara con la sábana y se sentó en la silla, junto a la cama. Más tarde volvió a descubrir la cara de Marta. Había una poca de sangre seca en la comisura de la boca. La limpió con el pañuelo, pero quedó una mancha en la mejilla. Mojó el pañuelo con agua de Colonia y lavó la mancha. Volvió a sentarse. A las ocho y media tomó el sombrero y salió. Cerró con mucho cuidado la puerta, sin hacer ruido. Fue al garaje donde guardaba su coche y lo sacó. Tomó el rumbo de la Reforma y la colonia Cuauhtémoc. Se detuvo en un café, donde había un teléfono público. —Tenemos que hablar personalmente. Es algo muy importante. —No tengo tiempo. Usted sabe que mañana en la mañana... —Tenemos que hablar, señor del Valle. Hay cosas nuevas, que no estaban calculadas. —Le digo que no tengo tiempo. — ¿Quiere que se las diga al Sapo y a Browning? — ¿Qué dice? —Browning, el gringo que trajeron. Y el Sapo, su paisano, señor del Valle. ¿O prefiere que hable con el General Miraflores? —No entiendo... —Creo que esta tarde me mandó usted un recado a mi casa, señor del Valle. No estaba allí, pero cuando llegué, entendí el recado. — ¿Quiere dinero, García? —Tal vez. Pero antes tenemos que hablar. Y no quiero hablar con el gringo y el Sapo. Quiero hablar con usted y con mi General Miraflores. —Hay una puerta lateral, que sólo utilizo yo. Es el número sesenta y cuatro, junto a la reja grande. Venga dentro de media hora. Lo espero. —Bien. —Aquí hablaremos, García. Colgó el teléfono. Salió rápidamente y tomó su coche. Del Valle vivía a dos cuadras de allí. Localizó la puerta en una pasada del coche, lo dejó media cuadra más adelante y se regresó a pie y esperó, envuelto en las sombras. Matar a alguien es mandarlo a que esté solo. Mejor me hubieran sonado a mí, como lo hacen los hombres. Pero habrán pensado que una mujer es como cualquier otra. Y que una muerte es como cualquier otra. Así habrán pensado. Pero era Martita. Y ahora allí está sola, con toda su muerte.
Un Chevrolet oscuro se detuvo frente al número y bajó un militar. García sacó la pistola de la funda y se acercó, mientras el militar se detenía frente a la puerta. —Vamos al estudio. Lo siguieron. El cuarto era grande, con las paredes cubiertas de libros y cuadros. —Siéntese —dijo del Valle. Parecía haber recobrado su aplomo. —Yo estoy bien de pie, señor del Valle —dijo García. — ¿Este es García? —preguntó el General. —Filiberto García, para servirlo, mi General. —Por lo que me dicen, se anda metiendo entre las patas de los caballos. Le encargaron que hiciera una investigación, ya la hizo y ya acabó su trabajo. Si quiere algo de dinero, unos cien o doscientos pesos, se los damos y ya. García, de pie aún, vio al General Miraflores desde lo alto. El General se sintió incómodo en su silla. Del Valle se sentó ante su escritorio. —De gentes como sus amigos el Sapo, Luciano Manrique y el gringo Browning, General. El Sapo y el Gringo pueden delatarlos. Manrique no, porque yo lo maté. —Es inútil, Miraflores —terció del Valle—. García sabe ya demasiado. —Así es. —Déjeme pensar, García. Usted me ha dicho que no tiene simpatías políticas, que sólo cumple órdenes. —Las palabras le salían con dificultad, como si no las encontrara dentro del cerebro—. Usted no es comunista, ni anticomunista, no es amigo de los gringos ni contrario a ellos. Sólo cumple sus órdenes. Porque me convenció de eso, me resolví a dejar que le dieran el trabajo en lo de los chinos. Pero ahora no entiendo qué órdenes cumple.


Capitulo V

Después de una noche larga y violenta, Fili llego a su casa donde encontró a Martita durmiendo, pero después de un momento Martita se despertó y le preparo una taza de café a Fili. Fili mientras tanto s ducho, porque en unas horas sin haber dormido tenía que volver a salir a trabajar en la investigación. Después de arreglarse le dio dinero a Martita para que se comprara ropa se despido de ella un un beso y luego se fue al trabajo.
Ya en el trabajo se fue con el Coronel a dar su informe de lo sucedido la noche anterior. Después de dar su informe Fili le dijo al coronel que lo del complot mongol tal vez era mentira y le dio esta teoría según lo que Fili había encontrado:
El ruso no quiere decir nada, pero estoy casi seguro. — ¿De qué? Cuesta más trabajo sacarle un informe, García, que a cualquier criminal. —Creo que el rumor que oyeron los rusos en la Mongolia Exterior no se refería a un atentado en contra del Presidente de los Estados Unidos. Por un lado, había demasiado dinero para una cosa así, por el otro no estaba lo bastante bien organizado.
—Ese fue el rumor que oyeron los rusos. Se preparaba una contrarrevolución, organizada por los chinos en contra de los rusos, en Cuba. Y esa contrarrevolución se estaba preparando en México, con el dinero de Hong Kong. — ¿Y el informe que nos dieron los rusos? Querían nuestra ayuda y, sobre todo, la del FBI. Con un cuento como ése, todos teníamos que cooperar para descubrir la verdad. El Coronel quedó pensativo.
Después de haberle contado esto, entro el sr. Del vale y se le conto la misma teoría del señor Fili. A lo cual reacciono de manera negativo, dijo que Fili no era un policía tan preparado como los agentes extranjeros y decidió separarlo del cargo de la investigación y se retiró del lugar, y solos el coronel y Fili hablaron del asunto y le ordeno a Fili que siguiera con su teoría nueva pero solo, y que ahora solo le informara a el ósea a el coronel.
Después de lo sucedido Fili se fue al bar donde se encontró con el licenciado y le conto un poco de la vida del señor marines quien lo intento matar la otra noche, le contaron que era un asesino, ratero y que fue policía en su lugar natal, pero Fili no entendía por qué lo quería atacar si no se conocían.
Después llego el Laski, y el licenciado se tuvo que ir, Laski ya se había enterado que a Fili lo habían sacado de la operación, así que le ofreció a Fili que trabajar con él para resolver el complot, a lo cual Fili negó y dijo que no, ya que el desconfiaba del ruso y del americano, entonces Fili le explico su teoría al ruso y este quedo sorprendido y este lo invito aún más a trabajar con él, pero Fili se volvió a negar, entonces se despidió y se fue del café.
Se fue a la casa de Manrique ah investigar más sobre todo lo que le había dicho el licenciado, llego a la casa de Manrique  y abrió una mujer, Fili le pregunto por el Sapo y el gringo y esta dijo que no los había visto más, pero le dijo a Fili donde los podía encontrar, Después Fili le pregunto sobre como obtuvo el dinero Manrique pero esta no contesto y le decía otras cosa. Luego la señora cambio de tema pero saco un punto importante y clave para la investigación, la mujer le conto que Manrique tenía un rifle de “caza” y con mira telescópica, que siempre se lo ensayaba y lo trataba como un juguete de un niño, Fili le pregunto que donde estaba el rifle y la mujer le dijo que lo tenía el Sapo y el Gringo, que porque habían tenido un rose. Fili se despidió y le dio 500 pesos, luego razono y no supo por que se los dio.
Después Fili partió con rumbo a el Hotel que le habían dicho, llego al Hotel, vio al encargado pregunto por el Gringo, y dio que no se encontraba, Fili le pregunto un poco sobre él y el encargado Martínez le dijo que era alto, güero, y que venía de estados unidos.
Después Fili le pidió la llave del cuarto donde se hospedaba pero el encargado se negó, Fili lo amago y este cedió un poco después y le entrego las llaves. Fili entro al cuarto y en el interior vio un cuarto ordenado y muy limpio, más adelante encontró el rifle con la mira telescópica, bien engrasada y lista para usarse. Después cerro el cuarto y se fue al mostrador de nuevo, entrego la llave y después le pregunto al encargado si tenía a una mujer como acompañante, entonces el encargado se negó a contestar y Fili lo volvió a someter y este dijo que si, Fili lo obligo a que lo llevara con ella hasta su cuarto, el encargado abrió la puerta con la llave maestra y al entrar estaba Doris desnuda y cubierta con la sabana, Fili se acercó y le pregunto sobre el gringo y ella contesto que casi no lo conocía, que a ella solo la habían contratado, después Fili no satisfecho con la respuesta le apretó el seno y Doris empezó a hablar mas del Gringo como a Fili le gusta, le conto que en esa ocasión la saco a pasear supuestamente, en donde pondrían la estatua los presidentes, y Doris dijo que el gringo no hablaba, solo se la pasaba caminando por todo el lugar y sus alrededores, Fili la soltó y Doris casi lloraba, satisfecho con la información se marcharon de la habitación.

Fili salió del hotel, marco al teléfono del Coronel y le dijo que viniera al hotel donde se encontraba, para que pudiera ver con sus propios ojos a los testigos y a la información, el coronel le dijo a Fili que lo esperaba, que iría con su automóvil Mercedes, Fili colgó y se sentó en la banqueta de la calle.

Capitulo IV

Después de regresar de hablar con el coronel, Fili llego a su casa donde seguía Martita, Martita le ofreció un Café y se sentaron el sofá, después de unos momentos de silencio, Martita le conto que estaba muy agradecida con Fili por que la saco de la casa del señor liu, porque él siempre llegaba a  su recamara por la noche. Entonces le dio las gracias         Fili por todo lo que había hecho y le dio un beso en la boca, de repente sonó el teléfono y era el Coronel le dijo que regresara a la oficina que el Sr. Del Valle lo necesitaba. Fili se despidió de Martita con un beso largo y se marchó.
Ya en la oficina el señor del Valle y el Coronel lo felicitaron por su excelente trabajo ya que había encontrado pistas y asegurado más los mitos y rumores. Luego lo exhortaron a que siguiera con ese valor para encontrar al culpable de los rumores, y que le echara ganas por que ya quedaba un día para la visita. Entonces Fili pidió retirarse para poder reunirse con sus colegas y así se lo otorgaron. Antes de salir escucho un discurso en honor a los actos de Fili.
Ya varios minutos después Fili, Graves y Laski se reunieron en el café del sr. Wang, empezaron hablar sobre el tema del complot, entonces vieron actitudes raras en los meseros chinos y el sr. Wang, como si estuvieran nerviosos por algo que hacen mal o algo escondieran. Después los agentes se dieron cuenta de más actitudes aras y los hicieron sospechar aún más.
Después Fili se dirige al baño, después de unos cortos minutos entraron dos chinos meseros y lo rodearon, de repente golpearon a Fili y lo tiraron y lo empezaron a estrangular, de repente entro Graves y golpeo a los chinos, después se recuperó Fili y también le ayudo a Graves, dejaron muy golpeados a los chinos y uno alcanzo a escapar por una puerta exterior y el otro se quedó tirado en el baño mal herido por los dos agentes. Graves y Fili antes de salir del baño se arreglaron para aparentar que nada sucedió y así se sorprendieran los demás chinos y el sr. Wang. Salieron del baño pasaron por Laski, pagaron y se retiraron del café hacia su automóvil.
Después los tres agentes recordaron ir a ver a la viuda de Roque para sacar más información sobre quien le otorgo el dinero y hacia allá se dirigieron. Cuando llegaron a su casa de la viuda de roque tocaron y nadie abría, entonces Fili abrió la puerta y los tres agentes vieron en el piso muerto a la viuda de Roque, quien fue estrangulada con un cable de luz y dijo Graves que tenía como 2 horas de haber muerto. Entonces llegaron a la conclusión de que tal vez el asesino volvería a la escena del crimen, entonces dejaron la casa como la encontraron y se sentaron en la sala a oscuras tomando un poco de cerveza y ron, contando un poco de sus experiencias como agentes, en lo que esperaban el retorno del asesino.

Al cabo de unas horas, vieron por la ventana a un carro que se acercaba hacia la casa de ahí descendieron dos hombres y uno se quedó en el carro. Los agentes se escondieron y cuando los sujetos abrieron la puerta, los agentes los sometieron rápidamente y los amarraron en las sillas, prendieron la luz y se dieron cuenta que eran chinos, después graves salió de la casa y fue por el otro chino que estaba en el carro, regreso a la casa y amarraron al chino con sus compañeros. Después de tortúralos ellos intentaron sobornar a los agentes y llamaron a un compañero su yo para que les trajera el dinero. Después los agentes torturaron al chino y este dijo que todo el dinero que tenían era para las drogas, el opio y la marihuana y era para acabar con los carteles estadounidenses y dijeron que mataron a la mujer por esta ya sabía los negocios y no les convenía que supiera la verdad. Después le preguntaron si tenían algo que ver con los rumores del atentado al presidente de los Estados Unidos y estos negaron que no, que eso no les importaba. De repente entro un hombre y acciono su metralleta, pero los agentes tenían en mano sus armas así es que repelieron la agresión y mataron a los 4 chinos, después de ay salieron corriendo rumbo al auto de Graves y escaparon a toda velocidad a sambors por los teléfonos para informar sobre la situación. Ya en sambors cada agente informo su situación a su jefe, pero Graves se tuvo que ir porque él informa de manera escrita, se quedaron Laski y Fili solos, Fili le marco a al coronel y este le informo todo le sucedido, y que estaba un poco confundido por lo que le dijo los chinos con los rumores de Mongolia, después de eso el coronel le pidió que tratara de no matar a mucha gente, y Fili no le dijo que aria lo mejor posible. Después los dos agentes cenaron, y cundo acabaron se pusieron de acuerdo para verse a las 12 en el café opera el día de mañana, para que así pudieran dormir un poco

Capitulo III

Después de lo sucedido en la noche anterior, Fili llama al Coronel para ver cómo van las investigaciones, pero este le empieza a preguntar por qué mato a las dos personas, si las conocía o si tenían que ver algo en el asunto. Fili e contesto que las mato porque estos lo intentaron matar primero y le dijo que todavía no savia nada si estas dos personas tenían algo que ver con los Chinos. Después Fili le colgó porque ay venia su colega el gringo.
El gringo saludo a Fili como si lo conociera de años, ya que esa era la señal para saber si eran colegas o no. Después de que Fili supo que si era su colega Graves se sentaron en a charlar un poco sobre el tema. Primero empezaron hablando de lo que ya sabía el FBI, sabia de unos presuntos chinos que viajaban para México que contaban con pasaportes Mexicanos y Cubanos todos estos pasaportes eran falsos y de origen Chino. Y después Graves le dijo a Fili que el americano que no localizaron se llama James Moran y el chino Xavier Liu. Entonces graves le dijo a Fili que tal vez sus amigos del barrio chino podían saber algo sobre el tema. Fili como siempre tenía un mal presentimiento, fue entonces cuando el Graves le empezó a contar cosas de Fili, y como siempre entre agentes no confían entre si y fue entonces cuando Fili empezó a desconfiar de su colega y temía que hubiera gato encerrado en el tema. Después de discutir un poco los temas concordaron en que no debían contarse todas las cosas que asían y sabían, pero si debían trabajar juntos como un equipo.  Y Por último quedaron de verse a las 2 en la opera de la ciudad.  Después de conocer al agente americano, partió al Café Paris para Conocer a su colega  Ruso, al entrar Fili lo reconoció y lo saludo como si se conocieran, después el agente Ruso de nombre Laski le contó a Fili que lo venían siguiendo desde varias cuadras, entonces Fili sorprendido lo invito a salir a caminar alrededor del lugar. Ya paseando Laski le conto todo lo que había visto la noche anterior en el edificio de Fili, Fili al escuchar todo se sorprendió y se indignó de que lo espiaran. En pocas palabras los agentes se espiaban entre sí por falta de desconfianza. Después de una discusión llegaron al punto de que en vez de espiarse entre sí, deberían estar atento e investigar más sobre el rumor del atentado.
Después idearon un plan de cómo sacar información verídica sobre el rumor y entre ese plan pusieron que investigarían a Martita si ella tenía algo que ver con lo que sucedió anoche, esto saco de tiempo al Fili. Antes de despedirse por ultimo Laski le dijo que sabían que por parte de China enviarían 30 billetes en moneda nacional para una persona en México y esa era una pista del atentado. Se despidieron y cada quien agarro su rumbo.
Por ultimo ya estando solo Fili marco a su Coronel y le pregunto que si no sabía si uno de los muertos de anoche  llevaba 30 billetes en moneda nacional, por lo cual el coronel le dijo que en unos de los muertos las cruz roja encontró 30 billetes en moneda nacional y fue cundo Fili empezó a ver todo claro sobre el rumor de la Mongolia Extranjera. Fue entonces cuando el coronel le dijo a Fili que el muerto tenía esposa y le dijo donde vivía. Entonces Fili se dirigió haya para investigar sobre los billetes, pero el Coronel le encargo que no la matara, a lo cual Fili contesto are lo que pueda.

Fili se fue a comer cerca del barrio Chino, donde después de un momento llego el Licenciado. Después de un rato el Licenciado le conto que habían preguntado por el ósea Fili, y que el supuesto hombre era su mejor amigo, pero el licenciado le dijo que a Fili le gustaba el tequila y el hombre le dijo que era bien tequilero a lo cual el Licenciado supo que no eran conocidos. Ya después de unos minutos Fili supo que era Roque Villegas el muerto del Pontiac del anoche. Fili le pidió al Licenciado que le ayudara con el tema de la viuda de Roque, para que así supieran de donde venía ese dinero, le pidió al licenciado que se hiciera pasar por su licenciado y que le ayudaría en recuperarlo, el licenciado acepto con tal de que Fili le diera unos cuantos pesos. Después el licenciado se fue, a los pocos minutos después llego el agente gringo Graves, este le empezó a contar sobre el dinero los 30 billetes, Fili se sorprendió porque solo él y Laski sabían de ese dinero, entonces Fili le pregunto que como sabia de ese dinero y Graves le pregunto que había gente investigando ese tema, entonces Graves le conto que supo que el señor Wang retiro dinero en el banco y luego lo convirtió a moneda nacional exactamente 30 billetes nacionales, después de contarle eso Graves y Fili quedaron de verse a las 7. Después llamo al coronel y le pidió que investigara el número de serie de los billetes que retiro el sr. Wang y los que encontraron en el Pontiac.

Al cabo de un rato se dirigió a la casa de la viuda de Roque, la viuda abrió y en el sofá estaba el licenciado, Fili se presentó como Policía y la señora se espantó, después de un rato empezó a decir que ese dinero era suyo, ósea lo que encontraron en el Pontiac, luego Fili le pregunto el origen del dinero a lo cual ella ignoraba la pregunta, la viuda le dijo que el Pontiac era de ella y el dinero también. Después de algunos forcejeos con Fili, la viuda le contó que Roque era un agente secreto y que lo había contratado un tal señor Wang del barrio Chino. Al saber Fili esto  se retiró, y la señora le decía que le ayudara con su dinero, pero Fili la ignoro. Y ya al final solo susurro el Coronel se va a poner aguzado y exclamo ahora si les va a caer tierra, como sinónimo de que ya estaban encontrando las pistas.

Capitulo II

En este capítulo Filiberto fue a la calle de Dolores, mejor conocido como el barrio chino en México, en esta ocasión fue a recaudar información sobre el rumor con alguno de sus amigos chinos.
 Los chinos le tenían confianza porque decían que Filiberto se parecía a uno de ellos porque era serio, callado y no hablaba de más. A Filiberto le caían bien los chinos porque eran os únicos que se preocupaban por él, cuenta que en una ocasión se enfermó y nadie lo fue a ver más que los chinos y estos le llevaron rosas y remedios chinos. Después entro a la tienda del señor Liu, donde se encontraba Martita, ah Filiberto le gustaba Martita porque era china  y Filiberto nunca había “estado con una china”, entonces Fili la invito a cenar a un restaurante pero Martita no quería, le daba pena, entonces de momento entro una persona extranjera y Filiberto se alejó de martita y dejo que dialogaran. Ah este extranjero Filiberto lo apodo el Polaco, de repente se le hiso raro ver a un polaco en un Barrio Chino y lo hiso sospechar.
Después volvió con Martita y le insistió en que salieran, y esta vez martita acepto. Cuando iban caminando un automóvil marca Ford los iba siguiendo y se le hiso más raro a Fili, entonces paro un Taxi y pidió que los llevara al restaurante Café Catón.
Ya en el restaurante se sentaron a cenar con  Martita, y Fili se dio cuenta que en el mismo restaurante estaba el Polaco de la Tienda del señor Liu y se le hiso aún más raro. Después Martita llorando le conto una verdad a Fili, le dijo, que no era mexicana, si no que su pasaporte era falso que una señora mexicana le dio el pasaporte cuando martita vivía en China, y entonces se vino a México, porque en México había paz y en su país China solo había guerra y muertes injustas.
Martia ya sabía que Fili era Policía y tenía miedo que la deportaran a su país, pero Fili le dijo que no lo aria porque él no era policía de migración y la ayudaría a que se quedara en México. Después de esto salieron del café y se percataron de que un automóvil Pontiac lo seguía y Fili sospecho aún más. Entonces agarraron Taxi y pidió que lo llevaran a su apartamento. Entonces pago y se bajaron del taxi. Entraron al edificio, pero el pasillo estaba oscuro, Fili abrió la puerta del apartamento y recibió un golpe en el hombro que lo tiro, pero se levantó y empezó a forcejear y le enterró el cuchillo al atacante y se murió. Cundo prendieron la luz del apartamento Martita quedo paniqueada porque pensó que había matado al atacante, entonces Fili le explico  que no lo había matado ella si no que fue Fili. Ya cuando se tranquilizaron voltearon al muerto y se dieron cuenta que era el Polaco y Fili le sorprendió esto y lo hiso  empezar a sospechar más sobre los rumores de los que le habían comentado.

Entonces martita se asomó por la ventana y vio el Pontiac estacionado en la calle del edifico y de inmediato le aviso a Fili. Fili sacado de tiempo le pidió a Marta que se encerrara en el cuarto y que no le abriera  nadie. Entonces Fili enrollo el cuerpo del polaco en una sábana y lo bajo hasta la entrada del edificio y ay lo dejo. Se acercó lentamente al Pontiac y vio al ocupante  y forcejeo con él, pero lo termino matando y se le hiso raro que antes no hubiera ido a ver que le paso a su compañero, entonces hecho a los dos muertos al maletero del Pontiac y los abandono tres cuadras adelante del edificio. Entonces regreso al edificio y salió martita del cuarto muy preocupada. Entonces le explico a Martita que en su trabajo había muchos enemigos y la tranquilizo un poco. Luego le dijo que si la llevaba a su casa con el señor Liu, pero Martita no quiso, entonces Fili le dijo que se acostara en la cama y él se quedaría en el sofá y así paso. Pero a Fili se le hizo raro el ¿por qué? Martita no quería quedarse más en la casa del señor Liu y Ya por ultimo antes de quedarse dormido tuvo unos recuerdos de años pasados con la muerte de Zambrano y su experiencia con Gabriela.

Capitulo I

En el capítulo uno empieza contando como era la actitud de Filiberto García. Habla sobre unos Chinos en un bar de las calles Dolores en el Estado de México los cuales fumaban Opio. En  este capítulo se mostraba las diferencias entre antes y ahora para realizar los trabajos de seguridad, decía que antes no se necesitaba órdenes para matar a alguien,  solo agallas y coraje, no se necesitaba tener estudios. Y en cambio ahora se necesitaba estudios, y una orden para poder matar a alguien y se tenían que seguir la leyes. Después de contar un poco de las diferencias, García fue llamado por el Coronel para un asunto importante, el coronel le dijo a García que era el hombre indicado para esa misión  porque era un hombre serio y que no le tenía miedo a la muerte y le conto que vendría el presidente de los estados unidos a una visita a México. Después llego el señor de Valle quien conoció a García en persona y se dio cuenta que era una persona seria y leal a la nación y que sabía cumplir con su trabajo. El señor del valle le conto que los servicios secretos rusos supieron de un rumor en que se sabía que los Chinos estaban planeando un complot para asesinar al presidente de los estados unidos y que le darían información a unos Chinos que trabajaban para el gobierno y que ya se encontraban en México . Entonces su misión de García era el de mezclarse con los Chinos para recaudar más información sobre el rumor ruso. Y el Coronel y el señor del valle creían que el indicado era García porque era un hombre confiable para los chinos. Y  le dijeron que se iba a reunir con dos agente el primero uno Americano de nombre  Richard P. Graves y el segundo uno Ruso de Nombre  Iván M. Laski, y por último se despidieron.

Personajes secundarios

El Coronel
El Licenciado
Los Chinos del barrio y del Cafe
Laski (Agente Ruso)
Graves (Agente Americano)
Señor del Valle
Martita (Fong)
El ´Polaco
Sr. Liu
Sr. Wang
Roque Villegas
Manrique
Doris
El Sapo
El Gringo
El Encargado del Hotel
La Viuda

Personaje Principal

Filiberto García:
Filiberto García es un detective o agente de la policía Mexicana, es un agente con métodos antiguos, un agente que no esta acostumbrado a leyes, trabajo en equipo o ordenes de espera.
Filiberto García es un hombre de matar, un hombre de ordenes directas sin rodeo, un hombre acompañado por la soledad, y que no le tiene miedo a la muerte, un hombre serio, con poco sentido del humor, pero un excelente agente de investigación y su palabra celebre o mas usada es: ¡Pinche............!.
Ahora los invito a conocer la vida de Filiberto García en una investigación muy corta pero enredada, disfruten de esta aventura.


El Complot Mongol

Publicada en el año de 1969 por la editorial Joaquín Mortiz, El complot mongol es la última novela de su autor y, en cierto modo, el motivo de su verdadera aparición en el panorama de la literatura mexicana. Sin embargo, el halo casi mítico que pende sobre la misma, ha contribuido a ensombrecer el resto del trabajo literario de Rafael Bernal, ligándolo, por desconocimiento, al reducido universo de un libro. Fecunda y vasta, la producción literaria del escritor nacido en 1915 en la Ciudad de México, pasa por la poesía, se interna en los sinuosos vericuetos de la novela de la tierra, explora las posibilidades del relato de aventura y alcanza, para muchos, su punto culminante en la consolidación de un género hasta entonces muy poco practicado en México: la novela policiaca.
El complot mongol es, pues, un retrato oscuro de la vida en los barrios bajos de la Ciudad de México que abreva de esa veta iniciada por los novelistas norteamericanos (particularmente Dashiell Hammett y Raymond Chandler) y pone en escenario un desfile de personajes vulnerados por la maraña de sus propias pasiones e insertos, las más de las veces, en un ambiente viciado por la corrupción y la violencia. Filiberto García, protagonista de la novela y prototipo del asesino con arranques de detective, desciende al corazón del aglutinado barrio chino de la capital del país para desmantelar, con ayuda del FBI y la KGB, una supuesta intriga que amenaza con perturbar la paz mundial. En su trayecto, además de un amor frustrado y un número considerable de muertos, García habrá de lidiar con la insidia de las instituciones y los reveses oscuros de la política nacional.