Publicada en el año de 1969 por la editorial Joaquín Mortiz, El complot mongol es la última novela de su autor y, en cierto modo, el motivo de su verdadera aparición en el panorama de la literatura mexicana. Sin embargo, el halo casi mítico que pende sobre la misma, ha contribuido a ensombrecer el resto del trabajo literario de Rafael Bernal, ligándolo, por desconocimiento, al reducido universo de un libro. Fecunda y vasta, la producción literaria del escritor nacido en 1915 en la Ciudad de México, pasa por la poesía, se interna en los sinuosos vericuetos de la novela de la tierra, explora las posibilidades del relato de aventura y alcanza, para muchos, su punto culminante en la consolidación de un género hasta entonces muy poco practicado en México: la novela policiaca.
El complot mongol es, pues, un retrato oscuro de la vida en los barrios bajos de la Ciudad de México que abreva de esa veta iniciada por los novelistas norteamericanos (particularmente Dashiell Hammett y Raymond Chandler) y pone en escenario un desfile de personajes vulnerados por la maraña de sus propias pasiones e insertos, las más de las veces, en un ambiente viciado por la corrupción y la violencia. Filiberto García, protagonista de la novela y prototipo del asesino con arranques de detective, desciende al corazón del aglutinado barrio chino de la capital del país para desmantelar, con ayuda del FBI y la KGB, una supuesta intriga que amenaza con perturbar la paz mundial. En su trayecto, además de un amor frustrado y un número considerable de muertos, García habrá de lidiar con la insidia de las instituciones y los reveses oscuros de la política nacional.

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